5 de abril de 2017

FUEGO PURIFICADOR 16


—Ya sé que soy para ti como un hermano, de momento. Y no me importa. Yo siempre te he querido, creo que desde que eras una niña pequeña, cuando a veces tu madre me pedía que te acompañase a la escuela o que te ayudase con los deberes. Pero no te lo conté nunca, porque tampoco esperaba que te enamorases tan pronto de Lucas. Lo acepto todo. Cásate conmigo y tu hijo tendrá un apellido y un padre.
—Y el amor? ¿No es importante para ti?
—Ya vendrá. Antes los matrimonios los arreglaban los padres, entre personas que no se conocían siquiera, y el amor llegaba con la convivencia.
Seguía sin convencerme la idea, y le expuse un montón de argumentos en contra. ¿Y si el amor no llegaba con la convivencia? Me parecía un completo sin sentido unir mi vida a alguien que para mí era como un hermano mayor, alguien que siempre me había protegido y en quien confiaba, pero al que no amaba.
—Ya amo yo por los dos-me rebatió él.
—No me parece justo para ti. Mereces tener a alguien a tu lado que te quiera de verdad, y hoy por hoy no puedo ofrecerte eso. No estamos en el siglo XVIII, no es el fin del mundo tener un hijo sin padre
. Al salir del restaurante fuimos a comprar algunas cosas básicas con las que llenar mi desolada nevera, y de camino al supermercado Jaime siguió dándome razones por las cuales debería aceptar su propuesta y casarme con él. Le dejé hablar; estaba demasiado agotada para discutir con él. Pero en mi interior seguía viendo el asunto totalmente descabellado y fuera de lugar.
Ahora, cuando han pasado diez años, me enfurezco contra mí misma por haber sido débil y cobarde. Nunca debí ceder a esa propuesta sin sentido. Una vez más me pudo la cobardía de enfrentar sola una situación complicada y busqué un hombro en el que apoyarme. Quizá pensé que me sería sencillo enamorarme de él; sin pensar que en el corazón no se manda. No sabría decir porque accedí a casarme con Jaime. Me persiguió con la propuesta durante dos meses enteros, llamándome por teléfono, presentándose en mi casa, teniendo conmigo mil pequeños detalles y atenciones que en los momentos de soledad y zozobra por los que estaba pasando me convencieron de que, aunque no le amaba, porque seguía queriendo a Lucas, quizá podría amarle algún día. Cuando le dije que le aceptaba le puse varias condiciones; una de ellas fue que, de momento, no compartiríamos cama. No me encontraba preparada para tener con él ese tipo de relación; la ausencia de Lucas me pesaba demasiado. La otra fue que si la cosa no iba bien nunca me reprocharía haberle engañado con falsas promesas de amor. Jaime era demasiado importante para mí, y le prefería como amigo que como amante; por más que al darle el si tuviese la sensación de que le iba a perder de las dos maneras.

2 comentarios:

  1. Es una pena cuando se pierde un amor. Yo lo perdí hace muchos años y sigo amándole.
    Me alegro de volver contigo, de leer tus cosas y tu las mías, siempre es agradable tener una amiga aunque sea virtual y quizá, siempre lejana, `pero muy cerca de nuestro corazón.
    Un fuerte abrazo

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    1. Hola amiga. Pues si, perder el amor es triste pero a veces hay que pasar página y pensar en una misma. La vida siempre sigue adelante y nunca se sabe lo que el Mañana nos tendrá reservado. Un abrazo y muchas gracias por leer

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