11 de abril de 2017

FUEGO PURIFICADOR 19


—No seas imbécil, Lucas. No te recordaba de esa manera. Quiero que entiendas que si te he molestado es porque no me ha quedado más remedio, porque no tenía a nadie más a quien recurrir, y porque de veras necesito ayuda.
Pareció amilanarse un tanto al verme seria y a punto de llorar. Me pidió perdón y me hizo un gesto para que continuase hablando.
—He encontrado algo que me hace pensar que mi vida corre peligro, y por eso te he llamado. Estoy sola, no tengo a quien recurrir, y tú eres policía; se supone que ayudas a la gente que lo necesita. Pensé en ti porque alguna vez significamos algo el uno para el otro. Por no decir que me será más fácil contar todos los despropósitos de esta historia a alguien en quien confíe.
—Pensé que yo no era digno de tu confianza-me soltó de golpe, a pesar de su promesa de escucharme. Creo recordar que por eso me dejaste.
—Lucas, no te conocía tan rencoroso. Te estoy diciendo que mi vida está en peligro. ¿Vas a ayudarme?
—Es mi deber como policía, si es verdad que tu vida corre peligro. Pero no entiendo por qué no le pides a tu marido que se haga cargo de la situación, independientemente de que llames también a la policía, que para eso estamos. —No puedo decirle nada a Jaime porque precisamente es él quien quiere acabar con mi vida.
Esta vez no me contestó con ninguna pulla, sino que me hizo un gesto para que siguiese hablando. Si estaba sorprendido no lo demostró; aparentemente me escuchaba como lo haría con cualquiera que acudiese a él para presentar una denuncia.
—He descubierto accidentalmente una especie de diario de Jaime que me hace tener la seguridad de que ha cometido algunos crímenes, y de que la siguiente en la lista seré yo.
—Vamos, Marta. ¿Eso es lo único en lo que te basas?
—A mí también me pareció una locura cuando empecé a leerlo. Incluso pensé que eran simples notas porque quizá pensaba escribir una novela policiaca o algo así. Pero he buscado en Internet y ha habido crímenes que se asemejan mucho a lo que él cuenta.
—Igual que tú has buscado ha podido hacerlo él. Que lo haya escrito no quiere decir que lo haya hecho.
—No me convences, Lucas. Todo eso ya me lo he planteado antes; pero es que además está su comportamiento. Ha cambiado mucho desde hace un tiempo. Y lo más importante es que…tengo miedo. Es algo que no puedo basar en nada concreto, pero ahora cuando Jaime está cerca de mí, tengo la sensación de que en cualquier momento puede echárseme encima y clavarme un cuchillo.
Hasta yo misma me sentía ridícula contando estas cosas; no me extrañaba que Lucas me mirase con cierta incredulidad. Si intentaba ponerme en su lugar me resultaría también difícil creer a una persona que volviese a mi vida después de diez años para contarme una historia tan extraña como esta.
—¿Y qué quieres que haga yo? -me preguntó apagando el cigarrillo en el cenicero.
—Que me protejas. Se supone que eso es lo que hace la policía.
Se echó a reír, con aquella risa algo ronca y profunda que yo recordaba tan bien. —Pero es que debe de haber algo cierto de lo que deba protegerte. No puedo encerrar a tu marido en la cárcel por una mera sospecha tuya. Si no me das más datos no sé cómo voy a poder ayudarte. En primer lugar, ¿dónde está él ahora? —De viaje. Tenía que ir a Francia, Bélgica y Holanda en un viaje de trabajo. Todavía tardará casi una semana en volver.
Me quedé callada, pensando que si quería ayuda de su parte debería arriesgarme a contárselo todo y a permitirle que leyese el diario de Jaime. Pero entonces, irremediablemente, se enteraría de la pérdida de su hijo. O poco le conocía o estallaría en cólera. No podía culparle; tal vez en aquella ocasión no obré bien ocultándole que esperaba un hijo suyo. Después de todo ese niño era de los dos; yo no tenía el menor derecho a quitarle a Lucas la oportunidad de hacerse cargo de él. Una cosa era que yo no desease vivir con él y otra distinta robarle a su hijo. Y eso fue lo que hice, se lo robé. Decidí ser valiente por una vez en mi vida y contárselo antes de que lo leyese en el diario. Me arriesgaría a que me dejase plantada sin prestarme esa ayuda que tanto necesitaba.



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