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FUEGO PURIFICADOR 22


—Acércate al fuego-le dije. Y sácate los zapatos o mañana tendrás una buena gripe.
Me lanzó una mirada asesina desde unos ojos entrecerrados e inyectados en sangre, pero hizo lo que le mandé.
—He venido sólo para exigirte que me digas donde está mi hijo. Tengo derecho a conocerle y que él sepa quién es su padre.
—Ojalá pudieras conocerle, te aseguro que nada me gustaría más.
Lucas me lanzó una mirada de soslayo mientras movía sus pies desnudos cerca del fuego para calentarlos. Me acordé de aquellas tardes de invierno que pasábamos en el pequeño pisito de alquiler; cuando esos mismos pies grandes, tan blancos y rematados por unos dedos extrañamente torcidos se entrelazaban con los míos. Me dejé llevar por aquellos recuerdos que me removían por dentro sin darme cuenta de que él me preguntaba de nuevo qué había sido de su hijo, y seguía insistiendo en conocerle.
—No existe, Lucas-le confesé con los ojos llenos de lágrimas. Nunca llegó a nacer.
Se levantó del sillón de manera violenta y me agarró con fuerza por los hombros, zarandeándome hasta que mi cabeza empezó a oscilar como un péndulo y el cuello parecía a punto de soltarse de donde debería estar.
—Déjame, pedazo de animal. ¿Quieres matarme tú también? -le grité como pude.
Paró de sacudirme como si fuese un saco de patatas, pero sus manos seguían sosteniendo mis hombros, como garfios.
—Por eso antes me marché, porque temí no poder dominarme y hacer una barbaridad. Nunca le levanté la mano a una mujer ni quiero hacerlo; pero me estás poniendo a prueba, Marta, te lo digo muy en serio. No quiero imaginar que has hecho lo que estoy pensando, porque entonces te juro que no voy a responder de mis actos.
—Si lo que estás pensando, maldito cabrón egoísta y traidor, es que aborté de manera voluntaria, desde ya te digo que estás muy loco o que nunca te has molestado en conocerme.
—¿Entonces? -inquirió sin hacer caso de mis insultos.
—Entonces, tuve un accidente con el coche cuando estaba embarazada de casi cuatro meses. Mi vida no corrió peligro; pero mi hijo, nuestro hijo-me corregí-no tuvo la misma suerte. Y esa es toda la historia de lo que pudo haber sido y no fue.
Me soltó y volvió a sentarse, con la cabeza gacha, mirando fijamente al fuego, donde humeaba su chaqueta y los calcetines, que habíamos puesto a secar.
—¡Cuantas veces te recomendé que tuvieses más cuidado conduciendo! Siempre pensando en las nubes, despistada, sin tener en cuenta que podías poner tu vida y la de los demás en peligro.
De nuevo me hizo enfadar; parecía que solamente se decidía a abrir la boca para molestarme.
—No digas sandeces. Reconozco que no soy la mejor conductora del mundo; pero en aquella ocasión desde luego que no fue culpa mía acabar empotrada en un árbol. Fallaron los frenos, es decir, alguien los manipuló para que fallasen.
—¿Quién? -me preguntó en voz baja.
—Creo que no necesitas que te conteste. No eres tan tonto como para no imaginarlo. Si, fue Jaime. Me hizo pensar que me estaba deseando que me casase con él, aunque sabía que solo le quería como a un amigo, un hermano. Y también me hizo creer que deseaba darle a mi hijo su apellido y su protección, que le querría como un padre, pero en realidad odiaba a esa criatura inocente, porque no hacía más que recordarle lo importante que eras en mi vida.
—Eso que me cuentas, ¿fue antes o después de la boda?
—Sólo unos pocos días antes.
—Y aun así te casaste con él-me acusó, con los ojos llenos de odio y desprecio. Me encogí ante su mirada. Parece que desde que había llegado esa era la tónica que dominaba la conversación: él acusaba y yo me defendía.
—Sí, porque esto que te cuento lo supe hace apenas unos días, al leer su diario. Cuando perdí al niño se comportó de una manera que ni te imaginas; me cuidó, me protegió, me hizo salir de la tristeza en que me había sumido al perderos a los dos, a ti y a tu hijo, y no pude decirle que no. No me preguntes por qué; quizá se me puede acusar de débil y cobarde, pero en aquel momento me venía bien tener al lado a alguien que me hacía sentir querida, al que le importaba mi bienestar.

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CONFÍO

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PALABRA

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