18 de abril de 2017

FUEGO PURIFICADOR 24


—Nunca pensé que pudiese ser capaz de hacer algo así-dijo con voz ronca. Aunque en la comisaría empezaron a correr rumores de que en su anterior destino también había causado problemas a varios compañeros.
Me encogí de hombros, quitándole importancia al asunto. Aquello había pasado hacía mucho tiempo; ya no podía ser tan importante.
—Sigo sin entender por qué no quisiste escuchar mis explicaciones. Después de cinco años juntos, tirar todo por la borda por un simple desliz.
—No sabía que no ser capaz de dejarse los pantalones puestos ahora se llamaba desliz-le dije, mirándole aviesamente y frotando con furia la mesa de madera de la cocina.
Él se sentó y de nuevo volvió a encender un cigarrillo. Y cuando ya llevaba al menos la mitad consumido me miró con desdén y me dijo que pese al tiempo transcurrido todavía guardaba dentro mucho odio. Eso me acabó de enfurecer y le di un empujón en el pecho desnudo, pues se había sacado la camisa también para secarla al calor de la chimenea.
—Maldito hijo de puta cabrón-le dije, gritando como una loca. No me lo puedo creer. En lugar de pedirme perdón por todo lo que me has hecho pasar sólo puedes pensar en vanagloriarte de que siga doliéndome tu traición. Pues claro que me duele, desgraciado, cretino, cerdo traidor. ¿Cómo no va a dolerme? Sabes de sobra que fuiste el primer hombre de mi vida. Por Dios, si tenía quince años cuando te conocí. Te di todo lo que era, te quise con toda mi alma y me lo pagas acostándote con una asquerosa zorra barata, y ni siquiera tienes la decencia de ser leal, ya que no puedes ser fiel y mantener la bragueta cerrada. Te juro que te mataría con mis propias manos, que te arrancaría los ojos y se los tiraría a los perros.
Intenté volver a golpearle de nuevo; pero me agarró con fuerza por las muñecas y me quedé paralizada, sin poder mover ni un músculo. Cuando vio que me había quedado quieta me soltó, despacio, como si temiese que de nuevo regresase la furia asesina que me había invadido antes. Me froté el interior de las muñecas, las tenía rojas y doloridas. Los dos resoplábamos como toros a punto de embestir y nos mirábamos a los ojos con odio, cada cual más enfadado con el otro.
—No recordaba que fueses tan bruja- me dijo despacio, entre dientes.
—Ni yo te recordaba tan gilipollas.
—Y desde luego antes no eras tan malhablada.
—No sabes lo malhablada que puedo ser cuando tengo delante a un inútil como tú.
—Y si soy tan inútil, cosa que desde luego no te discuto, ¿Se puede saber para qué coño me has llamado?
No fui capaz de contestarle todavía; respiraba de manera tan agitada que tuve que esperar a que mi corazón se calmase un poco. Había soñado muchísimas veces en el reencuentro con Lucas, y en mi cabeza le había dado mil formas distintas; pero desde luego nunca se me ocurrió pensar que iba a haber tanta violencia y tanto odio entre nosotros. Todavía ahora, al verle erguido y retador como un gallo de pelea, enfrentando mi mirada y desafiándome con esos brillantes ojos violeta me encendía la sangre y hacía que quisiese, por una parte, humillarle, y por otra, que me acogiese de nuevo en sus cálidos brazos.


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