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Mostrando entradas de mayo, 2017

FUEGO PURIFICADOR 30

Estábamos ya empezando el mes de noviembre y los días se habían acortado mucho. Aunque apenas eran las cinco de la tarde, en menos de una hora se haría de noche; y había refrescado considerablemente. No sabía a donde dirigirme, así que eché a andar siguiendo el curso del arroyo. Caminé a buen ritmo para entrar en calor; pero tuve que detenerme y sentarme en un tronco caído en el suelo porque las estúpidas lágrimas me cegaban y me impedían seguir andando. Ni me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que la garganta se me quedó agarrotada y noté los ojos empañados. Me enfadé conmigo misma por ser tan infantil y tan estúpida. ¿Qué esperaba de Lucas? Habían pasado diez años; era normal que no sintiera nada por mí, y también lo era que al haber sabido de mi engaño se sintiese enfadado. Pero me dolía, me hacía tanto daño que parecía como si me fuese a partir en dos por dentro. Me levanté, algo más serena, y cuando iba a proseguir mi camino me detuve porque me pareció oír un ruido, …

PERSPECTIVA

Algunos domingos tienen
el color de los muertos,
huelen a melancolía,
al moho de la ropa
que no se seca,
al sopor vacío
de un café no compartido.

Pero tus palabras tienen
la virtud de darle
un cambio a la vida.

Solo dos palabras, y el
domingo sale por la ventana,
como una hoja barrida
por el viento,como un
papel arrojado a una
esquina.

Y hoy ya no es domingo,
sino tal vez miércoles,
o cualquier otro día.

Una foto tan solo
puede cambiar, de repente,
la perspectiva.

VERSOS AL TROTE

Por momentos las palabras
me son esquivas,
se me escapan los versos
al trote veloz de un
caballo desenfrenado
que no sabe adonde va,
ni siquiera si está
bien encaminado.

Se me mueren las frases
al lado del mar;
las olas se llevan
los versos azules, con
la misma tristeza que la
semilla que no ha llegado
a germinar, o el agua
que no llega a caer
de las nubes.

La poesía está herida,
ante mis ojos
la veo sangrar;
se me derrama en las
venas, me mancha
los dedos de tinta negra
pero se resiste a
dejarse domar.

Y tal vez así sea mejor,
porque no se puede
apresar lo que es
libre,
no quiero encadenar
palabras escritas
en verde con cadenas
negras de letras
impresas.

Quizá es mejor que
los versos fluyan,
como lo hace el
agua en el río,
como la hiedra
hace suya la piedra,
en un abrazo engañoso
que esconde el alma
tras una armadura
de desdén e indiferencia
que deja el corazón
bañado en las aguas
turbias de la impotencia.

LLUVIA

Huele a lluvia
recién nacida,
a tierra empapada
de vida, de lujuria
y deseo, de flores
que se abren
como las velas
al viento.

Huele a pájaros
en sus nidos,
a días largos,
a trinos de aves
no han alzado
el vuelo, quizá
esperando a que
las mate el invierno,
de igual manera
que se mueren
las ilusiones cuando,
aunque el tiempo
no pase, el alma
se hace vieja
y dejan de verse
las estrellas en
el cielo.

ENAMORADA

Hoy amanecí enamorada,
enamorada de mi,
de mis cicatrices azules,
de mis días oscuros,
de mis noches sin dormir,
de las mañanas de invierno
y de todo aquello que
hace tiempo perdí.

Hoy me gustan mis
preguntas sin fin,
las risas a solas,
los llantos desiertos
de lágrimas, los
ríos de tinta
que me rocían las venas,
los papeles en blanco
que tanto tiempo fui.

Esta mañana de ausencias
me reconforta
lo que nunca me falta,
mi sola presencia,
mi sonora compañía, el
susurro que me llega
desde dentro, esa
silenciosa melodía
que parece robada al viento
y que de nuevo me
hace sentir.

FUEGO PURIFICADOR 29

—Me gustaría conocer a Martín-le dije.
—¿Cómo sabes su nombre? Ah, me imagino que Lucas te ha hablado de él. No me extraña, la verdad, están locos el uno por el otro. Nunca pensé que a mi hermano le gustasen los niños, pero desde que nació su sobrino dejó de prestar atención al resto de la familia. Le conocerás, un día de estos le diré a Lucas que te traiga a casa. También me gustaría presentarte a mi marido.
Le dije que sí, pero no sabía hasta qué punto Lucas estaría de acuerdo en que Esther y yo retomásemos nuestra relación. Estaba segura de que me aceptaba en su casa porque le preocupaba que Jaime volviese de improviso, pero que lo hacía como una pesada obligación. Varias veces le sorprendí mirándome de una manera extraña, como si me temiese o me odiase. No le culpaba, después de lo que le había contado. Nuestro hijo tendría ahora nueve años. Deseché esos pensamientos que a nada llevaban y serví más café. Y estábamos charlando amigablemente y riéndonos al recordar épocas pasadas…