8 de julio de 2017

FUEGO PURIFICADOR 40


Durante la primera hora ninguno de los dos encontró nada, y cuando ya estaba siendo el momento de salir a comer algo fue Lucas el que dio con su ingreso en prisión. Pedimos permiso para sacar una fotocopia al expediente, y lo guardamos para llevarlo a casa y verlo detenidamente. Leyendo por encima, se daba cuenta del ingreso de Alvar Durán, detenido por el supuesto asesinato de su esposa, que se encontraba en avanzado estado de gestación. Estaba también el documento descriptivo de la autopsia, redactado por el forense, y que leyó Lucas; yo confieso que no fui capaz. Nos llevamos también detalles sobre el juicio y su posterior y definitivo encarcelamiento. Y por fin, se narraba como había sido encontrado ahorcado en su celda. Todo era verdad, las historias que circulaban por el pueblo no eran meras leyendas ni cotilleos de comadre. Ahora bien, ¿cómo se había enterado Jaime de todo eso? La pregunta me quemaba los labios. Pero no la hice, porque estábamos llegando al despacho del director. Lucas tocó a la puerta y cuando nos mandaron pasar, entró para despedirse de su amigo.
—Te debo una, Juan-le dijo desde la puerta.
—No, creo que más bien quedamos en paz-contestó, haciéndole un gesto. Ya no podía más, y de camino al coche empecé mi ronda de preguntas.
—¿Cómo se pudo enterar Jaime de todo eso que cuenta en el diario? Estoy segura de que él nunca vio estos documentos.
—No, imposible que los haya visto. Y para tu pregunta, pues no tengo respuesta. No lo sé, y no creas que no me crea muchas dudas.
—Dime la verdad-inquirí cuando ya íbamos de camino a casa-. Lo que hemos hecho no es del todo legal, ¿verdad?
Cambió la marcha y se encogió de hombros.
—No, no del todo-reconoció-. Conste que si fuese un expediente reciente no hubiese puesto a Juan en ese aprieto, pero hablamos de algo que pasó hace más de doscientos años. No dañamos a nadie mirando el expediente. Pero si nos atenemos a la estricta legalidad, necesitaríamos una orden judicial, que ningún juez nos iba a dar porque carecemos de motivos y de pruebas.
—¿Y por qué te ha dejado que lo mires?
—Porque nos conocemos desde hace mucho tiempo y también yo le he hecho a él algunos favores. Quid pro quo.
—Parece que a ti todo el mundo te debe favores.
—No, pero en mi trabajo es normal que los que estamos en el mismo bando nos ayudemos. Tengo ganas de llegar para ponerme a trabajar con este material a ver que podemos obtener, en conclusión.
—¿Qué ha regresado un fantasma del otro mundo para pervertir a Jaime? Resopló al oír mi respuesta, y me miró de reojo, como valorando si hablaba en serio.
—No creía en fantasmas a los diez años, así que con treinta y seis no lo haré. Tiene que haber una explicación lógica para que tu marido supiese todas esas cosas y las plasmase en ese diario.



2 comentarios:

  1. ¡¡Cada capítulo está más interesante!!

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    1. Gracias. Espero poder seguir manteniendo vuestro interés. Es un reto

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