Ir al contenido principal

FUEGO PURIFICADOR 49



Cuando decidí que Marta debía morir para que al fin yo pudiese tener algo de paz, me quedé más tranquilo y hasta fui capaz de dormir de un tirón toda la noche. Antes a menudo tenía horribles pesadillas que me llevaban a los peores momentos de mi existencia y hacían que me despertase sudando, asustado y con la boca seca. Tenía que pensar de qué manera dar rienda suelta a mis deseos y quien sería la primera afortunada a la que usaría como conejillo de Indias. ¿Dónde la encontraría? Me daba miedo actuar cerca, porque era demasiado novato en estas lides y cabía la posibilidad de que ya en el primer crimen la policía me pillase. Sería un desastre; sobre todo porque entonces no podría llevar a cabo mi plan magistral de transformar a Marta. Ahora, en su forma mortal y perecedera, era totalmente imperfecta: hermosa pero llena de fallos. Cuando hubiese tenido lugar la transformación, cuando su alma inmortal abandonase su cuerpo como las pulgas abandonan el cadáver del perro, entonces llegaría el Sublime Momento de la Transformación Absoluta. A partir de aquel instante sería mía por siempre jamás, y su alma se fundiría con la mía en un baile maldito que nos llevaría al éxtasis más absoluto, a la unión perfecta, a la comunión más pura que se puede dar entre dos personas. Ella pasaría a formar parte de mí mismo, entraría en mí; seríamos uno solo. Estaríamos más unidos que lo que nunca llegaron a estarlo ella y su amante. ¿Qué importaba que él hubiese dejado en Marta su maldita simiente y hubiesen engendrado un hijo? Ya me había ocupado yo de quitar del medio a la nefanda criatura. Nosotros tendríamos una unión mucho más perfecta y atemporal que la simple y burda unión de dos cuerpos.

Dejé de leer cuando Lucas se despertó. Vino hacia mí con el sueño todavía pintado en los ojos y desperezándose. El cuello debía dolerle terriblemente después de haber estado varias horas en una postura forzada. Nos dijimos buenos días y aunque ambos avanzamos para acercarnos, ninguno hizo amago de dar el primer paso hacia algo más. La conversación de anoche había roto muchas barreras, pero todavía quedaban en pie otras que habría que derribar con paciencia y tacto. Ahora mismo estábamos en esa delicada situación de cuando alguien le ha contado a otra persona secretos muy íntimos de su vida y luego se arrepiente y le gustaría poder recoger las palabras pronunciadas y las confesiones hechas. Pero en la ligera sonrisa que me dirigió como saludo matinal ya no atisbé la ironía de los días anteriores. Puede ser que de nuevo empezásemos a confiar, aunque fuese levemente y con limitaciones, el uno en el otro.
—Me desperté con el niño al lado y el gato haciendo guardia.
—Martín tuvo una pesadilla-me dijo pasándose la mano por la cara, comprobando tal vez que necesitaba un afeitado-. Y se calmó cuando le dejé contigo en la cama. Y lo del gato no fue cosa mía, él se sumó a la fiesta sin que nadie le invitase. ¿Has dormido bien?
Asentí con la cabeza mientras me ponía a recoger un poco la sala. Doblé la manta, la coloqué encima del sofá, y dispuse los cojines en su orden correcto.
—He dormido pocas horas, pero bien. Y luego he estado leyendo un poco más del diario. ¿Comprendes ahora por qué estaba tan asustada? Tenía que llamarte, no podía seguir adelante yo sola. Me detuvo con un gesto.
—Lo sé. No necesitas explicarme nada más. Creo que esta noche tendremos más noticias. Ayer iban a hacerle la autópsia al cadáver de la pobre muchacha que salió en las noticias. Mi compañero me mandará un correo contándome las novedades.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.