10 de agosto de 2017

FUEGO PURIFICADOR 50


—¿Tú crees que fue Jaime? -le pregunté.

—No lo sé. Hay cosas en esto que me superan, que no puedo entender por más vueltas que le dé. ¿Cómo puede hablar en su diario de unas fantásticas conversaciones con ese hombre, ese supuesto antepasado tuyo, si no conocía su existencia?
Había algo que me rondaba la cabeza desde que habíamos descubierto que Alvar había sido una persona real. Pero no era capaz de decirla en voz alta porque temía que Lucas se burlase de mí. Permanecí sentada con el cojín apoyado en mi regazo, abrazada a él como si fuese un escudo que me protegiese del mundo exterior.
—Suéltalo-me dijo Lucas sentándose a mi lado.
—No sé de qué me estás hablando.
—Claro que lo sabes-me refutó, riéndose-. Te conozco muy bien; cuando tienes esa expresión en la cara y frunces el entrecejo es que estás rumiando algo y no te atreves a decirlo en voz alta.
—¡Qué palabra tan fea, rumiar! ¿No es lo que hacen las vacas?
—Venga, no te hagas la tonta. Di lo que tengas que decir.
—Te reirás de mí y me tacharás de loca.
—Puede ser-admitió-. Pero siempre podrás convencer al gato para que me ataque una de estas noches mientras duermo, y me clave las uñas. Vamos, Marta, di lo que sea de una vez.
Me abracé más al cojín en un vano intento de que me diese fuerzas.
—He llegado a pensar, por tonto que te parezca, que la casa podría estar…
No me dejó seguir.
—No me digas esas estupideces, Marta. Ibas a decir encantada, ¿verdad? Por favor, ahora no estamos en una de tus novelas. Esto es la vida real, donde las cosas suceden de una manera lógica.
Me puse colorada como un tomate. Lucas siempre tenía la virtud de avergonzarme y de hacerme sentir como una boba. Él era tan frío, tan analítico y racional con todo que cualquier cosa que no pudiese explicarse en la más pura racionalidad, para él entraba dentro de la superchería y la superstición.
—No quiero decir eso exactamente; pero las casas en las que se ha cometido un crimen son especiales, algo así como…
—Como nada-me interrumpió de nuevo-. En esa casa no hay ningún fantasma ni nada sobrenatural. Simplemente te has casado con un maldito chalado al que hay encerrar y tirar la llave al mar.
—¿Y cómo explicas lo que sabe?
—Pues no lo sé, de momento. Pero también puede ser que haya investigado. Nosotros lo hicimos.
—Ya. Pero entonces nos enteraríamos. El padre Avelino lleva en la parroquia desde antes de que yo naciese. ¿Crees que no me contaría que Jaime había estado fisgoneando en sus libros? Y si él fuese a la cárcel no le dejarían acceder a esos archivos, supongo.
Tuvo que darme la razón, y ahí dejamos la conversación, porque llegaron Martín y Sergei, ambos reclamando el desayuno.


2 comentarios:

  1. algunas veces, cuando alguien se niega tan rotundamente a admitir algo, es más por miedo a que sea verdad que por incredulidad.

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    1. Y conociendo a Lucas, seguro que por miedo a no parecer tremendamente racional.

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