9 de agosto de 2017

SILENCIO



El silencio me muerde la
calma como un lobo hambriento
de sangre y hace que mi
piel se erice, que a mi
corazón le salgan llagas.

Me paso el día tejiendo
sueños, anhelos dulces
que se van volviendo
amargos, como los días
de verano cuando
de repente se nota
frío y el aire,
como por ensalmo,
se torna de invierno
y distinto, falto
de esperanza.

Miro mis manos y
las mojo con lágrimas.
Son manos de muerta,
manos amargas, manos
yertas, que añoran
tus manos y me piden
gritando
que las vuelva
a la vida sobre tu piel
mojada, cuajada de besos,
cubierta de espuma, bañada
de amor y de bruma

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