Ir al contenido principal

ESCRIBO




Escribo, creo, persigo,
a veces me parece que
solo de letras vivo.

¿El alma duele, o
lo que duele, quizá, es
haber nacido?


Nadie responde, mi
casa ahora es enorme
y se ha mostrado en
silencio, como testigo.

Mis ojos no lloran
por lo que han perdido,
tan solo ven la verdad
y lamentan no haberlo
nunca tenido.

Me duelen el
haz y el envés,
me duele la calma
que me ha dado
la espalda, quizá
porque en mía
no la he convertido.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


EL SÍNDROME DE LAS GAFAS DE SOL

En el mundo hay muchas enfermedades raras; demasiadas a las que la ciencia y la Medicina, con todos sus avances y sus buenos profesionales no saben de qué manera atajar. Dicen que viviremos ciento veinte años en un futuro bastante próximo. Yo espero sinceramente no entrar en ese cupo; debe ser aburrido estar tanto tiempo en este mundo imperfecto, oyendo siempre las mismas desgracias, las mismas noticias, viendo que pocas cambian y las que lo hacen suele ser para empeorar.
De entre todos los síndromes habidos y por haber hay uno que me toca especialmente la fibra sensible que todos, incluso yo, tenemos. No es una enfermedad mortal de necesidad, ni mucho menos. Uno puede padecerla toda la vida y llegar hasta los ochenta o casi hasta los cien años. En ocasiones parece que ya se ha curado, pero por desgracia es un mal de raíces largas y cuando se agarra a una víctima lo hace a conciencia y casi nunca la deja. No duele, al menos de manera física; puedes padecerla toda la vida y no nece…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 12

ALMUERZO PARA DOS


A las tres de la tarde habían terminado todo el trabajo de clasificación y estaban ya almorzando, en el jardín. El día era tan soleado que decidieron comer allí la tortilla de patata y ensalada que Elena había preparado en apenas quince minutos. Mientras trabajaba en la soledad de la cocina, pensó que era triste que en unas pocas horas se hubiese liquidado la vida de un hombre. Cincuenta años en una mañana...no podía decirse que fuese algo de lo que Enrique, desde la tumba, pudiese presumir. ¿A quién dejaba que le llorase? No habían tenido hijos, sus padres y su único hermano llevaban ya años muertos y el resto de la familia se componía de algunos tíos ya muy ancianos y primos con los que nunca había tenido mucha relación. De hecho, algunos de ellos ni siquiera vinieron al funeral. Sus compañeros de la facultad le echarían de menos, y quizá su última amante soltara unas lagrimitas, pero pronto le sustituiría. Elena le hubiese respetado mucho más si se enamorase de a…