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Mostrando entradas de octubre, 2017

FUEGO PURIFICADOR 69

Pero lo que me había dicho me dejó preocupada, porque, aunque no había pensado en ello desde nuestra última conversación, lo cierto es que yo era muy puntual y este mes me estaba retrasando. Pero no, no debía preocuparme. Era por las tensiones del momento, por los nervios y todos los cambios en mi vida. Me pasaba mucho en época de exámenes. Juraría que Lucas se dio cuenta de mi desasosiego, pero tuvo el buen sentido de quedarse callado. Pero quien ahora estaba intranquila era yo. Cuando volvíamos de comprar lo necesario para la cena de Nochebuena, aunque me encontraba agotada de recorrer los enormes pasillos del supermercado, de lidiar en la pescadería y la carnicería con las avispadas amas de casa que quería colarse en la fila para llevar la mejor pieza, le pedí a Lucas que pasásemos por la farmacia del pueblo. —¿Te encuentras mal?
—Claro que no. Estoy perfectamente.
—¿Entonces? -quiso saber, enfilando, sin embargo, hacia la calle principal, dond…

FUEGO PURIFICADOR 68

—¿Qué haremos en Navidad?
—¿Te importa que venga mi hermana, con Ricardo y el niño?
—Claro que no. ¿Por qué iba a importarme?
—La última vez parece que no os despedisteis muy amigablemente-me recordó. Tenía razón. Aquel domingo que estuve en casa de Esther me sentí molesta con ella porque entendí que se estaba adentrando en un territorio que no le pertenecía. Pero luego, pensándolo mejor, llegué a la conclusión de que no era nada personal en mi contra, que tan solo estaba protegiendo a su hermano. Se lo expliqué a Lucas y él pareció quedarse más tranquilo. Ahora era yo quien no tenía prisa por entrar en casa; dentro de la manta estaba calentita y cómoda, pero Lucas se estaba quedando helado. Nos metimos dentro y preparé chocolate caliente. La cálida escena familiar tomando un chocolate en la cocina en vísperas de Navidad era engañosa, y yo era consciente de ello. Nuestra situación, la de los, era precaria hasta saber qué era realmente lo que Jaime se proponía. Aunque yo no tenía …

FUEGO PURIFICADOR 67

—Nadie me ha dicho nada. Iré a preguntar. Esperen aquí-nos ordenó volviendo a cerrar la puerta.
Volvimos a oírle como arrastraba los pies. Suspiré con resignación. No nos quedaba más remedio que esperar fuera a merced del viento cortante que me arrancaba lágrimas y me congelaba la nariz. Lucas abrió su amplio abrigo y me acogió en sus brazos. Cuando el portero volvió nos encontró abrazados, besándonos, y rezongó algo por lo bajo, mirándonos de reojo con evidente desaprobación. Pese a todo nos ordenó con su voz cascada que le siguiésemos por aquellos pasillos estrechos, con sus altos muros de piedra que hacían que nuestras pisadas resonasen de un modo fantasmal. Apenas hacía algo más de calor que en el exterior. No me extrañaba que los huesos del pobre anciano pareciesen crujir con cada paso que daba; ese lugar me parecía el ideal para ganarse una buena artrosis. Sin decir nada abrió la puerta de un despacho y se hizo a un lado para que entrásemos.
Detrás de una…

FUEGO PURIFICADOR 66

Justo cuando estaba colgando llegó Lucas del jardín.
—Vaya, que bien huele, ¿es tarta de manzana?
—Sí, pero no te entusiasmes; no la catarás, al menos no de momento. En cuanto salga del horno la meteré en un bonito paquete y se la llevaré al prior del convento de San Francisco. Espero que me acompañes.
—¿Qué mosca te ha picado? ¿El miedo te hace volverte hacia la Iglesia? No te recuerdo demasiado religiosa.
Le expliqué lo que había recordado, y aunque no estaba convencido de que algo del pasado nos pudiese ayudar, accedió a ir conmigo.
—¿Cómo me presentarás al fraile? Si le dices que estás casada y que soy tu amante no creo que se muestre muy considerado. Más bien te echará del convento con cajas destempladas, por pecadora y perdularia.
—¡Idiota! -le dije con toda el alma puesta en el insulto-. No siento que esté haciendo nada malo acostándome contigo, pero si tú piensas que sí, se acabó. Me levantó en brazos y me tiró sin contemplaciones al sofá; y al parecer los remordimie…

FUEGO PURIFICADOR 65

Poco podía hacer yo. Después de comer Lucas se dedicó a hacer lo que más le relajaba desde siempre: tallar madera. Lo hacía desde que le conocí. Se fue a la parte trasera de la casa, a un pequeño cobertizo que había construido en el jardín. Siempre me llamaba la atención su trabajo, porque de un trozo de madera informe empezaba a sacar lascas y poco a poco iba surgiendo una figura: un barco, un rostro, una bailarina…Ahora estaba trabajando en la figura de un gato, no sé si sería Sergei. De momento no conseguí encontrar gran parecido entre ambos el único día que me dejó ver lo que estaba haciendo. Le gustaba trabajar en soledad, y por eso yo le dejé ir, y a mi vez, me puse delante del ordenador intentando sacar adelante al menos un par de páginas de mi nueva novela. Estaba muy atrasada, y de la editorial me estaban empujando para que les entregase algo.
Pero era inútil. El trabajo de escribir es creativo y no se puede hacer a golpe de s…