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FUEGO PURIFICADOR 66



Justo cuando estaba colgando llegó Lucas del jardín.
—Vaya, que bien huele, ¿es tarta de manzana?
—Sí, pero no te entusiasmes; no la catarás, al menos no de momento. En cuanto salga del horno la meteré en un bonito paquete y se la llevaré al prior del convento de San Francisco. Espero que me acompañes.
—¿Qué mosca te ha picado? ¿El miedo te hace volverte hacia la Iglesia? No te recuerdo demasiado religiosa.
Le expliqué lo que había recordado, y aunque no estaba convencido de que algo del pasado nos pudiese ayudar, accedió a ir conmigo.
—¿Cómo me presentarás al fraile? Si le dices que estás casada y que soy tu amante no creo que se muestre muy considerado. Más bien te echará del convento con cajas destempladas, por pecadora y perdularia.
—¡Idiota! -le dije con toda el alma puesta en el insulto-. No siento que esté haciendo nada malo acostándome contigo, pero si tú piensas que sí, se acabó. Me levantó en brazos y me tiró sin contemplaciones al sofá; y al parecer los remordimientos no le impidieron echarse a mi lado.
—Yo soy una mala persona sin conciencia y por tanto no me siento mal por acostarme contigo. Es más, considero que tengo pleno derecho y que me debes diez años de abstinencia, por lo cual te queda mucho por pagarme.
—¿Abstinencia? -me burlé, empujándole para apartarlo-. A otra con esos cuentos.
De repente se puso serio y volviendo a echarse a mi lado, me atrajo hacia él.
—Abstinencia de amor. Eso es lo que he querido decir. No tiene nada que ver con el sexo. No pretendo hacerte creer que me he pasado diez años de castidad. Pero sí que han sido diez años sin amor. Nunca ha dormido en mi cama una mujer durante una noche entera. Es como cuando necesitas comer y no te fijas en lo que comes; lo haces para no morirte de hambre, pero no quiere decir que disfrutes de la comida.
Le creí; le conocía bastante para saber que no estaba inventándose nada, que eso era precisamente lo que sentía. No dejó de mirarme fijamente cuando me levantó de nuevo en brazos y nos fuimos a la cama para pecar un poco más antes de enfrentarnos a la santidad del convento y de su prior.
—Lucas-le dije, dándole una ligera patada para que me liberase las piernas, entrelazadas con las suyas-. Tenemos que irnos. En el convento cenan temprano.
—Mmmm-murmuró, sin abrir los ojos-. Eres agotadora. ¿Tú crees que yo tengo ahora el cuerpo para conventos? Además, ese fraile sabrá que pecaste con sólo mirarte y no querrá atenderte.
—Venga, déjate de bobadas-le sacudí ya sin miramientos-. ¡Vamos!
Tras algo más de insistencia por mi parte al fin conseguí que se levantase de la cama y exactamente a las ocho menos cinco estábamos aparcando el coche en la explanada ante el convento. Era un edificio con mucho encanto, con enormes pilastras que enmarcaban la entrada, rematada en un capitel triangular. Hacía tanto viento que tuve que apoyarme en Lucas para no caerme al suelo. Los árboles del bosque que se extendía por detrás del convento mecían sus ramas en una especie de baile desacompasado. Tocamos al timbre y después de casi cinco minutos de espera oímos arrastrar unos pasos en el interior. La puerta se abrió y asomó una cabeza coronada por una rala pelusa blanquecina. El propietario nos miró entornando unos ojos claros y algo nublados por unas incipientes cataratas. Pero se quedó callado, examinándonos con cara de pocos amigos. Lucas se hizo cargo de la situación y le anunció que el prior nos había citado a las ocho. Pero él siguió mirándonos como si estuviésemos profanando la paz de un lugar sagrado

Comentarios

  1. cada capítulo se pone más interesante!! y como sabes mantener la intriga!!

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  2. Muchas gracias Inma. La verdad es que no tengo demasiada práctica en eso. Besos.

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UN MAÑANA

Han huido en silencio
las palabras.

Se ha secado de repente
mi garganta,
todo me huye, como si
con mis manos hubiese
levantado un puente
de plata que me abre
otro camino, que de todo
lo viejo me separa.

Un camino que me aleja
poco a poco de un dolor
inútil del que ya
no va quedando
más que un rescoldo,
ese que nunca se apaga.

No sé qué decir,
mejor será no
decir nada.

Se ha congelado mi
voz, solo puedo
quemar antiguas esperanzas
y tejer un nuevo
manto que abrigue
mi Mañana.

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

AMOR EN ZAPATILLAS

Quiero un amor
en zapatillas, un amor
de mañanas mojadas,,
de sonrisas azules,
de violetas envueltas
a veces en lágrimas.

Un amor que no
lleve prisas,
que no me dé la
razón para tenerme
callada,
quiero un amor
que esté a mi
lado aunque la
mañana me encuentre
despeinada.

Un amor que no
juzgue mis palabras,
a veces vanas, que
ame mis olvidos como
se quiere una noche
estrellada.

Un amor que se ría
de mis torpes
incongruencias, y me
las rebata; un amor
que sepa leer mi
mente cuando no puedo
más que estar
callada.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.