Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2017

FUGO PURIFICADOR 72

Se quedó pensativo un rato para después anunciar que el bebé era igual que la sorpresa que venía dentro de los huevos de chocolate. Me hizo gracia la simplicidad de su razonamiento; pero en cierta forma tenía razón. La llegada de un niño siempre implica un cierto grado de sorpresa, de sentimiento de alegría, de regalo esperado. Para que no se aburriese le propuse que cantásemos alguna canción o que contásemos cuentos. Y así pasamos la primera media hora en total calma, con el niño apoyado contra mi pecho y dormitando a ratos. Hacía mucho frío, pero la manta nos ayudaba a no perder el calor. Yo también me iba adormilando, con la barbilla apoyada en la cabeza de Martín, cuando abrí los ojos, asustada, al sentir como alguien abría de golpe la puerta del coche. Al principio pensé que sería Lucas, ya de vuelta, pero me extrañaba que fuese tan brusco.
Me sentí morir cuando apareció delante de mí la cara de Jaime totalmente desencajada y con los ojos inyectados en sangre…

FUEGO PURIFICADOR 71

Me pasé la mañana en la cocina preparándolo todo para la cena. Decidimos que comeríamos una sopa de pollo y unos bocadillos solamente; así tendríamos más tiempo para dejarlo todo terminado antes de salir en busca del árbol. Cuando estábamos acabando de comer llegó Esther con su familia. Y cuando Martín se enteró de que íbamos a recoger los adornos fue el primero que se subió al coche de su tío para sumarse a la excursión, con el gato en brazos. Me extrañó que Sergei aceptase subir al coche; nunca salía de casa si podía evitarlo. Su reino estaba en el salón, al lado de la chimenea y en nuestro dormitorio, por más que a Lucas le molestase verle rondar por allí. Pero este gato adoraba al niño, eso había quedado claro la primera vez que se vieron. Lucas lo pensó mejor y acomodó a su sobrino en la sillita del coche de Esther, más cómodo que su deportivo, y salimos rumbo a mi casa.
—Supongo que tendré que comprarme otro coche-me dijo, apenas habíamos entrado en la carretera principal.

FUEGO PURIFICADOR 70

Sí, yo también lo presentía. Y hasta Sergei parecía estar más nervioso que de costumbre. Cada vez que llegábamos a casa se ponía a maullar y no se calmaba hasta que le cogía en brazos.
Desde que había visto el retrato de Rodrigo en el desván de mi casa una extraña y alocada idea había ido tomando forma en mi cabeza. Aquellos ojos verdes y profundos que me miraban desde el retrato se parecían mucho a otros ojos verdes que ahora mismo me miraban también, desde mi regazo. Pero, intentando mantener la cordura, deseché esa loca idea mientras acariciaba el lomo del gato y él se hacía un ovillo, ronroneando.
—Entiendo que antes le dieses al gato todo tu cariño, pero ahora estoy yo-se quejó Lucas, echando a Sergei y acurrucándose a mi lado.
El gato le miró con rencor, pero le cedió el sitio y fue a echarse encima de su almohadón al lado del fuego, donde se dedicó a lavarse la cara y a mirarnos de vez en cuando, con cierta inquina.
—No seas infantil-le reñí, acaric…

HUESOS EN ÁMBAR

Isabel Castro de Quiroga trabajaba seis días a la semana; primavera, verano, otoño e invierno. Su vida era el trabajo, y los domingos se limitaba a pasear a su perro y poner la casa en orden. No había más.
Por eso aquella tarde, cuando todo el mundo salió a celebrar la noche de Halloween ella se quedó en el laboratorio, despotricando contra las costumbres llegadas de fuera. Ni Halloween ni Samaín n tonterías. Cuando ella era pequeña lo único que se hacía era llevar flores a los Difuntos, como toda la vida de Dios; y ya en el colmo del refinamiento, escuchar el Tenorio en la radio. ¿Qué era ese despropósito de calabazas rellenas de velas, imbéciles disfrazados y niños pidiendo caramelos por las casas? ¿Es que no tenían padres que les mantuviesen entretenidos y en sus cuartos?
Resopló, enfadada con el mundo en general, y se dirigió a su mesa de trabajo, en donde estaba estudiando los huesos encontrados hacía dos días en la ladera del monte. Tenía prisa por terminar el informe y entrega…