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FUEGO PURIFICADOR 70


Sí, yo también lo presentía. Y hasta Sergei parecía estar más nervioso que de costumbre. Cada vez que llegábamos a casa se ponía a maullar y no se calmaba hasta que le cogía en brazos.
Desde que había visto el retrato de Rodrigo en el desván de mi casa una extraña y alocada idea había ido tomando forma en mi cabeza. Aquellos ojos verdes y profundos que me miraban desde el retrato se parecían mucho a otros ojos verdes que ahora mismo me miraban también, desde mi regazo. Pero, intentando mantener la cordura, deseché esa loca idea mientras acariciaba el lomo del gato y él se hacía un ovillo, ronroneando.
—Entiendo que antes le dieses al gato todo tu cariño, pero ahora estoy yo-se quejó Lucas, echando a Sergei y acurrucándose a mi lado.
El gato le miró con rencor, pero le cedió el sitio y fue a echarse encima de su almohadón al lado del fuego, donde se dedicó a lavarse la cara y a mirarnos de vez en cuando, con cierta inquina.
—No seas infantil-le reñí, acariciando su pelo-. Sergei también necesita cariño. —Y yo más-me rebatió-. He estado solo demasiado tiempo. Ahora tienes que resarcirme.
—Ah, ¿y yo no he estado sola?
—Pero es que yo no te raciono mis caricias y tú me dejas de lado por un gato. No creo que haya nadie más despreciado que yo, al que un simple gato puede quitar su puesto.
—Vaya, pues sí que estás tú listo para ser padre. ¿También tendrás celos del bebé?
—Claro que no. ¿Por quién me tomas? Pienso ser el mejor padre del mundo. Ya has visto, por Martín, que los niños se me dan muy bien.
Era cierto. Nunca había pensado que Lucas tuviese tanta paciencia con un niño pequeño y confieso que me enterneció verle con su sobrino. Y tampoco tenía dudas de que sería un padre estupendo; pero me divertía sacarle un poco de quicio y servía también para que mi cabeza dejase de darle vueltas siempre al mismo problema.
—Marta-me llamó, haciéndome volver al presente-. Quédate tranquila y déjalo todo en mis manos. No tienes por qué preocuparte de nada. Ahora yo estoy aquí y no permitiré que os haga daño a ninguno de los dos.
No le contesté. Confiaba ciegamente en Lucas y la prueba es que a él recurrí cuando me supe en peligro, pero la situación me preocupaba mucho porque ahora había otro inocente afectado. Y no podría resistir de nuevo perder a este hijo, era demasiado importante para mí.
—Estos días-siguió hablando Lucas-la casa está vigilada permanentemente. Si se refugia en ella lo sabremos y con la orden del juez portugués podremos detenerle. No te hará daño, créeme.
—Es que tengo una sensación muy extraña. Algo que no puedo explicar, pero que intranquiliza.
—Pues no tienes por qué preocuparte. Vamos a disfrutar de la Navidad y de estar juntos. Esther, Ricardo y Martín llegarán mañana a primera hora de la tarde, y por primera vez cenaremos como una familia al completo, incluso con regalo añadido-dijo, acariciándome la tripa, todavía lisa.
Tenía todos los motivos para estar contenta, por primera vez en muchos años. Entonces, ¿por qué esta desazón que me reconcomía por dentro? ¿Era por lo último que había leído en el diario de Jaime? Estaba convencida de que Jaime y Alvar habían entrado en contacto, de alguna extraña manera que, desde luego, era totalmente incapaz de explicar. Y también estaba segura de que el espíritu benéfico de Rodrigo Durán estaba presente junto a mí. Nunca se lo diría a Lucas porque él no lo entendería y se burlaría de mí; pero lo sentía completamente cierto en lo más hondo de mi ser. Antes de acostarnos Lucas llamó a sus compañeros para saber si había habido alguna novedad en la casa o sus alrededores, pero le dijeron que no había nada preocupante. Pese a todo yo seguía inquieta. Algo me decía que Jaime estaba cerca; pero me cuidé mucho de manifestarle a Lucas mis temores. Pero dormí bastante bien, quizá porque los ojos de Sergei, deslumbrantes en la oscuridad, eran un faro que me iluminaba en cada momento en que me desperté durante la noche y unido a los brazos de Lucas en torno a mi cuerpo, me daban seguridad. Por eso a la mañana siguiente me levanté plena de energía y decidí que sería una buena idea montar un árbol de Navidad. Sobre todo, a Martín le haría mucha ilusión.
—¿No recuerdas lo que significaba cuando éramos pequeños? -animé a Lucas. —Pues tendremos que comprarlo todo; nunca he montado un árbol aquí.
—No hace falta. En mi casa tengo todos los adornos. Sólo necesitamos coger el árbol en el vivero que hay cerca del río.
Pero Lucas seguía dudando. Movió la cabeza; pensativo.
—No me parece buena idea volver ahora a tu casa, aunque sea sólo un momento.
Pero tanto le insistí y le supliqué, que acabó cediendo aunque me puso como condición que sería después de comer, cuando terminase el primer turno de guardia y sus compañeros le confirmasen que seguía sin haber novedades.




Comentarios

  1. ¡¡Con los adornos tan monos que hay en las tiendas y así estrenas!!¡¡Que nervios!!

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UN MAÑANA

Han huido en silencio
las palabras.

Se ha secado de repente
mi garganta,
todo me huye, como si
con mis manos hubiese
levantado un puente
de plata que me abre
otro camino, que de todo
lo viejo me separa.

Un camino que me aleja
poco a poco de un dolor
inútil del que ya
no va quedando
más que un rescoldo,
ese que nunca se apaga.

No sé qué decir,
mejor será no
decir nada.

Se ha congelado mi
voz, solo puedo
quemar antiguas esperanzas
y tejer un nuevo
manto que abrigue
mi Mañana.

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

AMOR EN ZAPATILLAS

Quiero un amor
en zapatillas, un amor
de mañanas mojadas,,
de sonrisas azules,
de violetas envueltas
a veces en lágrimas.

Un amor que no
lleve prisas,
que no me dé la
razón para tenerme
callada,
quiero un amor
que esté a mi
lado aunque la
mañana me encuentre
despeinada.

Un amor que no
juzgue mis palabras,
a veces vanas, que
ame mis olvidos como
se quiere una noche
estrellada.

Un amor que se ría
de mis torpes
incongruencias, y me
las rebata; un amor
que sepa leer mi
mente cuando no puedo
más que estar
callada.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.