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Mostrando entradas de enero, 2018

FRAGMENTO

Después de haber comprado todo lo necesario para la cena, llegaron a la casa de Diego, que olía agradablemente a cera de muebles y a pino, señal de que Fermina había pasado por allí con su varita mágica y había puesto orden en el desaguisado con que el inspector solía obsequiarla dos veces por semana. Aunque como cocinero era un prodigio, su sentido del orden y de la limpieza, a excepción de la cocina, dejaba bastante que desear.
Nada más llegar se sirvió una copa de vino y Luismi sacó una cerveza fría de la nevera.
—Lávate las manos y luego empieza a cortar las berenjenas en rodajas y las colocas en este plato, sobre el papel absorbente-ordenó, tendiéndole un plato grande de loza blanca con el reborde azul marino.
Luismi le miró con algo parecido a la inquina, pero obedeció.
Diego sacó la carne picada y la volcó en un bol, mientras sobre una tabla de madera empezaba a picar muy fina una cebolla y varios pimientos verdes, así como un par de zanahorias de buen tamaño.
—¿No vas a p…

LA MUERTE

Cuando llegue la muerte
Que me encuentre arreglada,
Vestida de otoño y
Con las cejas bien delineadas;
La boca de rojo amapola
Y en los ojos el brillo
De la esperanza.
.
Porque yo dirijo mi
Vida y quiero
Ordenar cómo acabarla.

Por eso deseo, cuando
Llegue, plantarle cara,
La cabeza erguida,
Ligero mi corazón y
Que me lleve calzada
Con altos tacones
Y de fiesta maquillada.

Que sea un momento
Alegre, nada en mi
Entierro de lágrimas
Alma libre de cargas.

LOS LUNES

Desde hacía dos años se encontraban en aquella terraza, al final de una calle estrecha con edificios antiguos a ambos lados, cada lunes a las nueve de la noche, fuese invierno o verano. No habían faltado ni un solo día.
Ella siempre llegaba vestida de oscuro; bien como una monja, con faldas largas y camisas holgadas, o como un soldado; con pantalones militares y un chaquetón oscuro si era invierno. Ni siquiera esos ropajes o su pelo cortado casi al cero le restaban un ápice de femineidad, más bien al contrario. Se desprendía de ella una sensualidad tan intrínsecamente unida a su piel y a sus miembros delgados y elegantes, que era imposible esconderla, aunque era evidente que así lo pretendía.
Él se sentaba poniendo cuidado en colocar la muleta en un lugar en donde no estorbase a nadie. Conservaba su anquilosada pierna izquierda, aunque no le sirviese de mucho. Era alto y desmadejado; y su único ojo, de un color azul tan oscuro que a veces, a la luz de las farolas de la calle parecía…

LOBA Y LUNA

Soy una loba herida
que aúlla a la luna y
ahora, amor,
se agarra con fuerza
a la vida.

Mis pasos ya no
suenan cansados;
la arena y la
tierra negra he
sacudido
de mis zapatos.

Vuelo con alas
de seda, me elevo
por encima de
mis miedos.

Sueño con los ojos abiertos,
me río de todo
lo que un día convirtió
en polvo mis huesos.

Me aferro a mi misma,
me abrazo con amor
infinito, lanzo besos
al viento y me siento
bien en las noches
de luna, como la loba
que soy, como una niña
perdida y hallada de
nuevo a pesar de la bruma.

PROPÓSITOS

Estos son mis propósitos para el 2018. A medida que avance el año los iré cambiando a conveniencia. A medida que cumplo años me hago más acomodaticia.
1. Renovar mi repertorio de tacos. Los que uso siempre están ya muy gastados
2. Seguir usando el masculino plural para ambos géneros. Pertenezco al grupo de la Resistencia que se niega a cambiar porque sea más políticamente correcto. Yo no soy de esas, sino todo lo contrario.
3. Escribir sin pensar que puedo molestar a alguien. Ya está bien de “buenismo” y autocensura, que es la peor cosa que existe.
4. Viajar con poco equipaje, y no como la Piquer (esta idea me durará hasta el próximo viaje e iré arrastrando maletones, como siempre)
5. Usar la elíptica al menos dos veces al mes, que me ha costado un Congo.
6. Bailar cuando me de la real gana, y seguir haciéndolo con el perro en la cocina.
7. Dejarme crecer el pelo. ¿Quién ha dicho que a los cincuenta no se puede tener melena, modesta, eso si?
8. Comprar algún bolso que no sea del tama…