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FRAGMENTO


Después de haber comprado todo lo necesario para la cena, llegaron a la casa de Diego, que olía agradablemente a cera de muebles y a pino, señal de que Fermina había pasado por allí con su varita mágica y había puesto orden en el desaguisado con que el inspector solía obsequiarla dos veces por semana. Aunque como cocinero era un prodigio, su sentido del orden y de la limpieza, a excepción de la cocina, dejaba bastante que desear.
Nada más llegar se sirvió una copa de vino y Luismi sacó una cerveza fría de la nevera.
—Lávate las manos y luego empieza a cortar las berenjenas en rodajas y las colocas en este plato, sobre el papel absorbente-ordenó, tendiéndole un plato grande de loza blanca con el reborde azul marino.
Luismi le miró con algo parecido a la inquina, pero obedeció.
Diego sacó la carne picada y la volcó en un bol, mientras sobre una tabla de madera empezaba a picar muy fina una cebolla y varios pimientos verdes, así como un par de zanahorias de buen tamaño.
—¿No vas a preguntarme para qué es el papel absorbente? Así en la vida aprenderás nada, con esa falta de curiosidad.
El muchacho puso los ojos en blanco, y con paciencia contestó que no preguntaba porque ya sabía que, de todos modos, se lo explicaría.
—Economía de recursos-se justificó.
—Es para que suelten el amargor-le explicó, como si estuviese enseñando a un niño a atarse correctamente los cordones de los zapatos-. Las berenjenas suelen ser amargas. Cuando hayas acabado pela dos patatas, las cortas en rodajas no muy gruesas y las fríes un poco, no demasiado.
—¿Para qué?
—Porque la musaka de verdad lleva debajo una capa de patatas, luego colocaremos todo lo demás.
Mientras tanto él puso a hervir un cazo con agua y luego escaldó ligeramente dos tomates; lo suficiente para que se desprendiesen fácilmente de la piel. Sacó una cacerola de una puerta al lado del horno y, vertiendo un chorro de aceite, la puso a calentar.
—Ahora haremos el sofrito para la base de la salsa de carne-iba explicando, y Luismi, disimulando su impaciencia, fingía estar atento, aunque en realidad estaba pensando en sus cosas-. Lo mejor sería que la carne fuese de cordero; pero a mi no me gusta, así que la haremos con ternera.
Fue pochando a fuego bajo las verduras, y luego añadió medio vaso de vino, del mismo que estaba tomando, y un poco de caldo que guardaba en la nevera. Esparció tomillo fresco y pimienta por encima, y mientras removía con la cuchara de madera le ordenó al joven que le alcanzase la carne, que echó también a la cacerola. Bajó algo el fuego y colocó la tapadera, mientras que por la cocina se esparcía un olor agradable que estimulaba todavía más los jugos gástricos del muchacho.
Solo entonces Diego dio otro tiento a la copa de vino y sacó unas aceitunas negras, de las que fueron dando buena cuenta mientras se hacía la bechamel. Solo cuando la musaka se hubo montado, con capas de berenjenas y carne, la rica bechamel por encima, además del queso feta rallado, Diego se permitió sentarse, y se sirvió otra copa.
—Tenemos veinte minutos largos antes de que esto se haga, así que dime, ¿qué te ha parecido la doliente viuda?
Luismi se levantó para traer otra cerveza de la nevera, e hizo una mueca.
—Me ha parecido cualquier cosa menos doliente.

Comentarios

  1. ¡¡Qué bien escribes, amiga! Da gusto leerte...

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  2. Que pena me da pensar que me he perdido alguno de tus escritos desde que no puedo pasar por el FB tanto como antes! ¡tengo que aprender a moverme por este maravillosos rincón!

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  3. Muchas gracias Inma. Por ti y por otra gente maravillosa sigo escribiendo, porque sois tan generosos de regalarme vuestro tiempo y leerme

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ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.