Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2018

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 11

DOS HERMANAS DESAYUNAN

Amelia no hizo comentario alguno a lo que su hermana le había contado. Para ella tenía una explicación más que lógica. Pensaba tanto en Andrés que al quedarse dormida soñó con él, y el sueño llegó a ser tan real que le había parecido que le habló y que le tuvo al lado. De todos modos, si gracias a eso se había espabilado, bendito fuese el sueño. Todos temieron lo peor, que había perdido la razón y que había que internarla de por vida en un centro de salud, o manicomio, como había dicho ella misma. En el fondo era verdad, eran manicomios, por más que ahora se les quisiese dar otro nombre menos ofensivo.
Miró su reloj; ya eran las diez de la mañana y no habían cerrado ojo. Pero había cosas qué hacer y ella no podía estar fuera de su casa más que un par de días. Le había pedido a su suegra que se ocupase de que todo funcionase, pero era una mujer ya muy mayor y no quería abusar.
—Bueno, hay que pensar en levantarse y desayunar. Tenemos un día de trabajo por delant…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 10

NO EN EL DIVÁN


Amelia se estremeció con algo parecido al asco. No podía creer que su propia hermana, a la que sus padres habían educado de la misma manera que a ella, es decir, dentro de unos principios morales, pudiera haberse convertido en una adúltera y encima haberse quedado embarazada de un hombre que no era su marido. Igual era verdad aquel dicho de su madre; de que Dios escribe recto; pero con renglones torcidos y era bueno que es pobre niño no llegase nunca a nacer. Quizá el accidente de coche había sido providencial.
Miró a Elena con algo parecido al desprecio; pero ella no se inmutó porque en cierta medida lo esperaba. Las personas que han tenido una vida inmersa dentro de lo que se conoce como normalidad suelen ser proclives a juzgar muy duramente a los demás. Y su hermana era de esas mujeres. Se había casado con un médico brillante que antes de los cuarenta años ya se había hecho una impagable reputación y que ganaba bastante dinero en su lujosa consulta privada. Ella, au…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 9

LA CONFESIÓN.


Elena había leído “La letra Escarlata” cuando era una adolescente y se había sentido muy identificada con la pobre protagonista. A ella no la habían marcado de ningún modo; pero en cierta medida su marido y hasta su propia familia, que no sabía nada del tema, la habían ido apartando paulatinamente de todo. Enrique era tan encantador en público que su madre se sintió de inmediato atrapada por él. Le repetía constantemente a su hija que debería besar por donde pisaba su marido.
—Un hombre tan trabajador, tan formal, tan preocupado siempre por ti...nunca escatimes esfuerzos para que se sienta cómodo y hazle la vida agradable. Eres muy dada a estar siempre de mal humor y con caras largas, y eso a los hombres les cansa, hija mía. Aunque estés mal, cuando él llegue a casa haz lo posible por poner buena cara. Y que no te vea nunca en bata y pijama, sabes que lo odia. Si al fin y al cabo tú lo único que tienes que hacer es mantener la casa en orden, cocinarle cosas de su gusto …

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 8

EN LA CAMA

La pregunta la dejó en suspenso. Cierto... ¿Qué haría? Necesitaba escribir como otros necesitan respirar; pero Enrique ya no estaba. Quizá podría sacar todavía un libro más, el que tenía casi terminado, diciendo que era su obra póstuma, pero a partir de ahí solo tenía dos opciones: dejar de escribir o firmar con su propio nombre. O tal vez...se le estaba ocurriendo una idea.
—¿Qué te parece si preparo leche con cacao y nos vamos a la cama? Hay muchas cosas que quiero contarte. Pero antes quiero que me cortes el pelo. Ven, acompáñame al baño-la guio de la mano.
Amelia se dejó llevar a regañadientes. Una vez allí le mandó que se mojase la cabeza.
—Es más fácil trabajar con el pelo mojado, aunque no te garantizo nada. No soy peluquera.
Trabajó rápido con el peine y las tijeras, casi como una profesional, y luego usó el secador unos minutos, los suficientes para llevarse la humedad y dejarle el cabello casi seco. El resultado era bastante bueno, y hasta ella reconoció que El…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 7

OTRO CAFÉ

Como siempre solía hacer desde que eran niñas Amelia tomó las riendas de la situación y tomándola por un brazo levantó a su hermana y la condujo de vuelta a la casa. Ella, agotada por el desbordamiento emocional que había tenido, se dejó llevar con la misma docilidad de una niña pequeña. Y eso parecía cuando se sentó a la mesa de la cocina, esperando mansamente como lo hace el perro maltratado por su amo.
—Bebe-ordenó Amelia colocándole delante una taza de café negro. Buena falta te hace para espabilar la cogorza que llevas encima. ¡Menuda vergüenza, borracha apenas han enterrado a tu marido!
—Amelia-la llamó con voz lastimera, con los ojos entrecerrados.
—¿Qué es lo que quieres ahora?
—Vete a la mierda.
Y se quedó algo más relajada después de insultarla, del mismo modo que Amelia no acertó a contestar nada. Solo sacudió la cabeza y miró hacia el techo, probablemente invocando a la Providencia Divina, a la vez que la obligaba a beberse de un trago ese café retinto y amargo…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 6

EL JARDÍN

La noche era cálida y se sentaron en un banco de madera al lado de la entrada, pero al poco tiempo de estar allí Elena le pidió a su hermana que fuesen más allá, hasta la fuente. Allí había otro banco.
—Es que no soporto el olor del jazmín de esa jardinera.
—¿Y para qué demonios lo has plantado entonces? ¡Qué absurda eres!
—Como casi todo lo que hay en esta casa, fue idea de Enrique. Supongo que al final tendré que venderla, y me da pena porque está en un sitio que me encanta, pero es que todo me recuerda a él y, además, no hay ni una sola cosa que esté a mi gusto. Bueno...si, el cuartito donde plancho. Ese lo puse yo como quise, él nunca entraba allí.
Amelia lo conocía. Era una habitación de tamaño mediano y pintada de verde manzana muy claro, con un mueble planchero de madera blanca en cuya parte baja descansaban varios cestos de mimbre para la ropa. También había un sillón bajo con una lámpara de pie al lado, señal de que su hermana leía allí algunas veces, y una estante…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 5

LA COPA



Elena se levantó y fue hasta el mueble bar, donde Enrique tenía las bebidas. Había varias clases de whisky, vodka y ginebra. Hacía mucho tiempo que no bebía nada, no sabía qué elegir. Al final se decidió por la ginebra. Enrique no solía beber casi nunca, pero le gustaba tener la casa bien provista para cuando tenían invitados. Sacó dos copas en forma de balón y le mandó a su hermana que trajese hielo y tónica de la cocina.
-—Y corta unas rodajas de limón-le pidió cuando ya salía de la sala.
Sirvió una cantidad generosa de ginebra en cada copa.
—Vamos a agarrar una buena melopea-la advirtió Amelia. De verdad que no te entiendo.
—Hay cosas que solo puedo afrontar estando un poco borracha.
—El alcohol no va a hacer que sientas menos su pérdida, querida.
La asustó la risa sardónica de su hermana pequeña. ¿Qué le estaba pasando? Su comportamiento era totalmente impropio de ella, que siempre había sido un ratoncillo asustadizo.
—Puede que no, hermana, pero si me dará el valor de ha…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 4

EL CAFÉ



Había quedado claro que con la última declaración la cena se había terminado. De común acuerdo retiraron los platos y Elena preparó café. Se avecinaba una noche larga, por lo cual Amelia se puso un pijama de su hermana y ambas se acomodaron con sendas tazas en el sofá del salón.
—Creo que la última noche que pasamos juntas en vela fue cuando se murió Mamá-aventuró Amelia.
Elena asintió mientras removía el café.
—¿Por qué no estaban también nuestros maridos? -preguntó Amelia-. Sé que estábamos las dos solas, pero ahora no me acuerdo por qué.
—Matías tenía un congreso médico en Santander y Enrique… se puso convenientemente enfermo. Ante el mundo fue una bronquitis; pero en realidad no soportaba la idea de ver morir a alguien. Le parecía de mal gusto.
—No digas barbaridades, hermana. Tu marido siempre adoró a Mamá.
Elena esbozó una risa falsa. Le gustaría poder contarle a su hermana tantas cosas...pero ahora mismo se sentía muy cansada y no tenía las fuerzas necesarias para expl…

UNA CÀRCEL SIN BARROTES 3

LA CENA



Cuando llegó a la cocina su hermana ya había puesto la mesa y como esperaba, había dos humeantes platos de sopa de pollo. Se lo agradeció con una sonrisa frágil, apenas esbozada. Antes de sentarse Elena abrió una botella de vino y puso dos copas. Amelia la miró, asombrada.
—¿Desde cuándo bebes tú vino? Hacía años que no te veía con una copa en la mano.
—Enrique no bebía- dijo con voz átona-. Y no le gustaba que yo lo hiciese.
Se dio cuenta de que su hermana se quedaba sorprendida por la respuesta, pero no dijo nada. Amelia era muy discreta, como también lo había sido la madre de ambas. De esas personas que no suelen hacer preguntas, aunque siempre están dispuestas a escuchar si una quiere hablar. Y esta noche ella quería hablar. Más bien lo necesitaba.
—Sí él estuviese aquí sería inconcebible cenar en la cocina, o en pijama. ¿Sabes cuántos años hacía que no me ponía cómoda al llegar a casa?
Amelia negó con la cabeza. Se le había instalado una especie de bola en la boca del es…

UNA CARCEL SIN BARROTES 2

EL BAÑO



Amelia la instó a que se diese un baño caliente mientras ella preparaba algo de cenar. También su madre, cuando ellas eran niñas, pensaba que los baños calientes y un buen plato de sopa a continuación eran la medicina para todos los males. Y Elena entró dócilmente en el cuarto de baño.
Lentamente, como si fuese una anciana artrítica, se despojó del traje de chaqueta negro y la blusa de seda gris que había llevado durante todo el día. Se miró al espejo mientras se desnudaba. La cinturilla de las medias le había dejado una marca rosada que le picaba. Rascarse le produjo placer y lo hizo sin recato durante algunos segundos. Abrió el grifo y echó sales con olor a lavanda mientras se sentaba sobre la tapa del váter y miraba como la bañera se iba llenando lentamente al tiempo que el espejo se empañaba. Le gustaba el agua muy caliente y ahora que Enrique ya no estaba no había problema en que los azulejos se empapasen de vapor. Nadie le regañaría cuando saliese del agua. ¿Cuánto tie…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES

EL ENTIERRO



Luego no recordaría muy bien de que había hablado el padre Ángel durante el funeral. Tenía la vaga sensación de que había mencionado el amor, el humano y el divino, y también que la muerte en realidad no es un final sino un leve punto de inflexión.
Hacía calor, tanto en la iglesia como luego en el cementerio, y pensó que nadie debería morir con buen tiempo. No era lógico enterrar a alguien mientras las amapolas y las margaritas silvestres se iban quedando bajo los zapatos inmisericordes de los portadores del féretro. Zapatos negros, de cordones, zapatos que hablaban de soledad y abandono. ¡Qué curioso! Todos llevaban unos zapatos similares a los que también, dentro de aquella caja de madera oscura, llevaba Enrique.
No había sido ella la que decidió qué ropa debería llevar el cadáver. ¡Qué palabra tan curiosa! Y, sin embargo, de ahora en adelante debería pensar en él de esa manera; como un cadáver. Un cuerpo desprovisto de vida que en ese justo instante estaban introducien…

DE ÁNGELES Y ESPADAS

Soy un ángel sin alas,
soy de acero ardiente,
de metal encendido, soy una espada
clavada en tu frente,
un corazón que ha comprado
un billete al Olvido.

Soy una fuente que mana
agua contaminada ,
un grifo que suelta
lágrimas,
alguien que busca
y no encuentra,
un árbol sin raíz,
un perro sin dueño,
un clamor al que le
han robado el grito.

Todo eso soy, y aún
con todo, existo.