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Mostrando entradas de abril, 2018

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 16

EL HOMENAJE.


Elena llegó al jardín de la Facultad cuando faltaban quince minutos para que empezase el acto. Había ya bastante gente y todos la miraron mientras caminaba por el pasillo que se había formado entre los asientos y se colocaba en la primera fila, al lado de la esposa del decano, que la acogió con una sonrisa extrañada. Había pensado que estaría muy nerviosa pero lo cierto es que le parecía estar como fuera de su propia persona; mirándolo todo desde una perspectiva distante, como si estuviese viendo a otra que actuaba en su nombre. Uno de los mejores amigos de su marido, Ernesto Luján, se acercó a saludarla.
—Buenas tardes querida, espero que estés algo mejor.
—Gracias, Ernesto, me encuentro bien-le contestó con una sonrisa serena.
Y él la miró, pensativo. ¿Dónde había ido a parar aquel ratoncillo asustadizo que apenas despegaba los labios y siempre mantenía la vista fija en el suelo? Seguía siendo la misma insignificancia de mujer; pero ahora tenía una determinación e…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 15

LA PRIMERA NOCHE SOLA


Elena se encontraba más ligera y aliviada. Había confesado la verdad tanto de su vida como de los libros. Había dejado de vivir en una farsa, o casi. Todavía tenía pendiente el homenaje a Enrique en la Facultad. Tendría que acudir, no le quedaba más remedio. Pero lo haría sin presiones, sin miedo. Por primera vez en muchos años se sentía con la fuerza suficiente para presentarse ante todos aquellos hombres y mujeres que antes consideraba superiores y mirarles a la cara sin temor. Le daba igual que la tratasen como a alguien inferior, incluso que la ignorasen. En ese momento quizá la única opinión que le importaba era la de un completo desconocido, Mateo Hidalgo, pero que tenía en sus manos algo muy importante; su futuro profesional. Cierto que no necesitaba del dinero de los libros para vivir, pero le ayudaría mucho saber que la gente seguía aceptando lo que escribía ahora que iba a firmarlo con su propio nombre.
Lo primero que hizo al llegar a casa fue bañarse …

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 14

LA VERDAD


Les miró a todos. Los únicos expectantes eran el matrimonio Medina. Su hermana estaba sentada tranquilamente, quizá con cierta curiosidad por ver cómo resolvía el problema, pero ciertamente ella ya sabía lo que iba a decir. Y Mateo Hidalgo estaba paladeando su café, como si no hubiese nada en ese momento que le preocupase. Simplemente parecía estar disfrutando de la ficticia tertulia.
—Efectivamente, hay un manuscrito-confirmó con voz serena.
Ahora que se había decidido, estaba tranquila.
—Pero no está terminado. Cierto que falta poco, pero habrá que terminarlo.
—No te entiendo-manifestó Antonio, algo nervioso. ¿Cómo se va a terminar si el autor está muerto? Lo único que se me ocurre es que nos lo hagas llegar. Mateo y yo le echaremos un vistazo por si puede darse por terminado cortando algo, o, no sé, tú tráelo y ya veremos qué se puede hacer.
—Yo lo terminaré, Antonio. Dame un mes y lo tendrás acabado en tu mesa. Bueno...quizá deba entregárselo ya a usted, señor …

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 13

DE VISITA

Terminaron de tomar el café un poco tarde; porque la tertulia las había entretenido. Eran casi las cinco y Elena se levantó, con prisas.
—He quedado a las seis en la casa de Medina, el editor. ¿Quieres acompañarme?
—Había pensado irme ya a casa; no te veo como la viuda doliente, pero si lo necesitas...iré.
—No, no lo necesito, pero me gustaría. Si quieres puedo dejarte luego en tu casa. Medina vive muy cerca de tu urbanización. Dame cinco minutos para que me cambie.
No tardó mucho más que esos cinco minutos. Apareció con un sencillo vestido azul marino con pequeños topos blancos, recto y por encima de la rodilla. Llevaba zapatos también azules y bolso a juego. Sin medias, con sus piernas bien torneadas pero delgadas como las de una niña de quince años y el pelo tan corto, con aspecto mojado, como si acabase de salir de la ducha, parecía cualquier cosa menos una viuda.
Amelia la observaba sin decir nada. Por una parte, le sorprendía su cambio; aunque a veces, entreveía lige…

UNA CÁRCEL SIN BARROTES 12

ALMUERZO PARA DOS


A las tres de la tarde habían terminado todo el trabajo de clasificación y estaban ya almorzando, en el jardín. El día era tan soleado que decidieron comer allí la tortilla de patata y ensalada que Elena había preparado en apenas quince minutos. Mientras trabajaba en la soledad de la cocina, pensó que era triste que en unas pocas horas se hubiese liquidado la vida de un hombre. Cincuenta años en una mañana...no podía decirse que fuese algo de lo que Enrique, desde la tumba, pudiese presumir. ¿A quién dejaba que le llorase? No habían tenido hijos, sus padres y su único hermano llevaban ya años muertos y el resto de la familia se componía de algunos tíos ya muy ancianos y primos con los que nunca había tenido mucha relación. De hecho, algunos de ellos ni siquiera vinieron al funeral. Sus compañeros de la facultad le echarían de menos, y quizá su última amante soltara unas lagrimitas, pero pronto le sustituiría. Elena le hubiese respetado mucho más si se enamorase de a…