Ir al contenido principal

JOHNNY Y JUNE



“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantaba country y actuaron todos juntos muchas veces. En aquel momento él estaba casado con Vivian Liberto y tenía tres hijas. Su matrimonio era ya una pesada carga para ambos, y él un borracho empedernido. June tampoco había caminado sobre lechos de rosas. Llevaba a cuestas un matrimonio fallido, del que tenía a su hija mayor, y en ese momento estaba casada con un camionero, del que también tenía una hija, aunque el matrimonio hacía aguas. Pero, aunque se amaron desde el primer momento en que se cruzaron sus miradas, ella no quería ser “la otra” y tampoco estaba segura de que fuese bueno, tan joven, pasar por un segundo divorcio. ¿Cómo creer que a la tercera va la vencida”
Será verdad que el amor todo lo puede. Porque cuando ella se entera de que la vida de Cash, ya divorciado de Vivian, discurre entre borrachera y borrachera, mezclado el alcohol con anfetaminas, decide que debe ayudarle a salir del caos en el que se encuentra.
Ya divorciada de su segundo esposo, empiezan a tocar juntos de nuevo y en un concierto él le pide que se casen. June acepta y contraen matrimonio en 1968. A un universo femenino, formado por las dos hijas de June y las tres de Johnny, llegará para reinar como príncipe indiscutible, el varón que tuvieron en común. Está unido a sus hermanas, aunque Vivian hace todo lo que puede para que John no vea con frecuencia a sus hijas.
June le contagia su acendrado sentido humanitario y cristiano y los dos son unos luchadores natos por los indígenas, los derechos civiles y los más desfavorecidos. El matrimonio les ha servido para unir dos existencias complicadas en una sola, más placentera. En una entrevista un periodista poco imaginativo le pregunta a Cash cuál es su percepción del paraíso. Y él, mirando a su esposa le contesta: “el paraíso ha sido esta mañana y todas las mañanas, con ella, tomándome un café”.
En 2003 June sufre una operación a corazón abierto y no la supera. Su marido muere tan solo cuatro meses más tarde. Estaba también delicado de salud, pero realmente, después de haber perdido a quien era su vida entera, no le quedaban demasiadas ganas de seguir solo”.
Tengo una debilidad; me encantan las grandes historias de amor

Comentarios

Entradas populares de este blog

UN MAÑANA

Han huido en silencio
las palabras.

Se ha secado de repente
mi garganta,
todo me huye, como si
con mis manos hubiese
levantado un puente
de plata que me abre
otro camino, que de todo
lo viejo me separa.

Un camino que me aleja
poco a poco de un dolor
inútil del que ya
no va quedando
más que un rescoldo,
ese que nunca se apaga.

No sé qué decir,
mejor será no
decir nada.

Se ha congelado mi
voz, solo puedo
quemar antiguas esperanzas
y tejer un nuevo
manto que abrigue
mi Mañana.

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

AMOR EN ZAPATILLAS

Quiero un amor
en zapatillas, un amor
de mañanas mojadas,,
de sonrisas azules,
de violetas envueltas
a veces en lágrimas.

Un amor que no
lleve prisas,
que no me dé la
razón para tenerme
callada,
quiero un amor
que esté a mi
lado aunque la
mañana me encuentre
despeinada.

Un amor que no
juzgue mis palabras,
a veces vanas, que
ame mis olvidos como
se quiere una noche
estrellada.

Un amor que se ría
de mis torpes
incongruencias, y me
las rebata; un amor
que sepa leer mi
mente cuando no puedo
más que estar
callada.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.